
No hay sensación más agradable que la de beber agua tras dejarla correr un largo rato, eso mismo pasa contigo, más agradable es tu sabor cuantos más días pasan desde la última vez que estuve junto a ti...
Transparente, limpia y llena de oxígeno, el que me das al mirarte a los ojos y entregarme tus brazos por unos cuantos segundos eternos; estancada, si no te dejo correr lo suficiente, si los días que pasas a mi lado son muchos y mi cabeza no cierra el grifo de pensamientos de un ayer que ya no se envasa en botellas azules. He pasado mucho tiempo buscando el mejor vaso para llevarte dentro de mi, el más brillante y el más grande para no perderme ni un rincón de tu sonrisa, pero a veces se rompe y me quedo sosteniendo líquido entre los dedos, esperanzándome por no dejarlo caer. Cuanto más lleno está, menos tardan en aparecer las brechas en el vidrio delicado que nos une en los largos paseos reflejados por un atardecer que termina en grietas interminables.
Así que te tomo en pequeños sorbos, día sí y día no, para disfrutar cada trago. Sin pensar a qué manantial perteneces, sin querer darle vueltas a una cascada salvaje que baja como lava emanando del volcán, sin querer trazarte una línea por la que seguir fluyendo... porque aunque lo haga, la razón no tiene cabida en este inmenso embalse y siempre tenderemos a hacer todo lo contrario a lo trazado.
Transparente, limpia y llena de oxígeno, el que me das al mirarte a los ojos y entregarme tus brazos por unos cuantos segundos eternos; estancada, si no te dejo correr lo suficiente, si los días que pasas a mi lado son muchos y mi cabeza no cierra el grifo de pensamientos de un ayer que ya no se envasa en botellas azules. He pasado mucho tiempo buscando el mejor vaso para llevarte dentro de mi, el más brillante y el más grande para no perderme ni un rincón de tu sonrisa, pero a veces se rompe y me quedo sosteniendo líquido entre los dedos, esperanzándome por no dejarlo caer. Cuanto más lleno está, menos tardan en aparecer las brechas en el vidrio delicado que nos une en los largos paseos reflejados por un atardecer que termina en grietas interminables.
Así que te tomo en pequeños sorbos, día sí y día no, para disfrutar cada trago. Sin pensar a qué manantial perteneces, sin querer darle vueltas a una cascada salvaje que baja como lava emanando del volcán, sin querer trazarte una línea por la que seguir fluyendo... porque aunque lo haga, la razón no tiene cabida en este inmenso embalse y siempre tenderemos a hacer todo lo contrario a lo trazado.
Terminarás cubriendo todo lo que encuentres a tu paso.
("Polvo en el aire si emprendo el camino, tierra y cristales si no puedo más. Todo tiene el color de lo que aún está vivo. Polvo en aire, mi estrella fugaz, mi amiga..." Quique González - Polvo en el aire)
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