domingo, 22 de julio de 2007

A modo de desamor

Fue entonces, tras largas noches en vela, cuando decidí poner rumbo fijo a mi verano. Un rumbo marcado, sin obstáculos en el camino y con una sola bandera ondeando: una sonrisa decorada con ímpetu por seguir adelante.
Decidí sacar al sol mi corazón, broncearlo por las dos caras y no dejarlo mucho tiempo en remojo, ya llovió bastante y ya estuvo demasiado tiempo sufriendo los efectos corrosivos de unas cuantas mareas oculares. Mi sombrilla será el destino que forjaré, a una temperatura más que apetecible para partir cuando llegue el momento a nuevas fronteras, a deseadas costas donde quizás ya no me haga falta protección, las heridas cicatrizan de vez en mes o de vez en año, pero nunca nunca, tarde o temprano lo hacen.

Comprendí mi sitio en la arena, supe que no por estar en primera línea se puede ver mejor el sol reflejar el mar y supe también que el riesgo de embadurnarse de arena no es tal, sino que en el riesgo a hacerlo se encuentra el matiz, si no te decides nunca te podrás limpiar bajo aguas cristalinas y tras muchas piedrecitas en el camino pegadas a la piel, he conseguido limpiarme y estar preparada para volver a rodar una y otra vez.
Además de comprender, atisbé puertos en los que no por muy lejos que estés de ellos es imposible llegar, aprendí a ver el horizonte no pensando en que está lejos, sino pensando en cómo llegar y lanzarme a verlo cada día un poco más de cerca. Aprendí tantas cosas al ponerle lapiz y papel a un naufragio anunciado...

Así que ya voy preparando mi bolsa, llena de historias por abrir delante de un mar que siempre me ha escuchado, un año más vuelvo a tierras levantinas para comprender que vuelvo a madurar, que vuelvo con callo tras un año totalmente opuesto al que dejé una tarde escrito en la orilla a modo de promesa en un rincón de algún lugar concreto. Volveré a su noche a tirar piedras con forma de deseos para el próximo año, pediré que suavice mi herida y vuelvan cosas buenas a las noches de mis días y jamás volveré a mirar al sol de frente pensando que nada me puede herir, porque la herida ha sido grande, pero la sal va curando lo que hace ya un año paseaba por tus orillas a modo de manos entrelazadas...


"Ni cielo ni aire, ni estufa que aguarde mis pies dando vueltas bajo tu edredón. Pasé por tu calle y había oleaje en tu habitación. Suicidar acordes, cambiar de pronombre compuesto: ahora sólo yo. Ni techo maltrecho, ni esquina en el pecho que me haga pasar de estación. Hay a quien le robaron abril pero a mi el que me falta es octubre y vivo en el lugar mas oscuro y lúgubre de todo Madrid... Ni sin ti para siempre ni conmigo tal vez " Tiza - Ya lo ves

1 comentarios:

Paula dijo...

Si ya me lo decía una amiga... el agua salada todo lo cura!:p Así que ya sabes pituki, vente pa' el norte que verás como en dos días se cierra la herida del todo.
Me alegro de que por fin se empiecen a abrir bien tus ojos;) Un besito.