jueves, 26 de abril de 2007

Mi isla desierta




Olas que rompen en las rocas, un mar agitado de arrepentimiento y un sol que irradia esa culpabilidad y esa añoranza de lo que un día tuve en mis manos y dejé golpear contra las rocas...

Y es que mi playa ya no es tal, mi playa es desierto si tú no estás y no hay ya días de verano en los que poder pasear agarrándote la mano volviendo la vista atrás. Sin pensar las cosas salen mal, ya me lo decían desde los diez y ahora me lo tienen que volver a repetir porque parece que la lección no quedó bien aprendida y perdí toda mi vida jugando al escondite. Para nada habría permitido que mi tiempo se parase en tu reloj, jamás he querido herir esos labios que tan bien me curaron días pasados, ni ese corazón que escapa del mundanal ruido de mi ciudad. Ese corazón no es de la tierra, no es humano, y es que tú te alejas de todo lo que aquí existe, no eres como los demás, tu belleza se mide en perfección y no sólo la externa, también lo que llevas dentro hace de esta vida algo por lo que seguir adelante.

Las palabras se las lleva el viento, por eso las escribo en un papel, para que nada ni nadie las borre ni las arrebate, porque estas palabras te piden atención y que algún día vuelvas a confiar en este mar revuelto que pide a gritos de oleaje una nueva oportunidad. “Ni hoy, ni mañana, ni pasado”, deja que te demuestre todo lo que a mi me has enseñado y todas esas tardes de conversaciones, en las que yo escuchaba como niña arrepentida y tú hacías que la razón entrase por los oídos y no por la puerta de atrás.

Este mar ya no es mar sin su sal, ya no es vida sin su latido, y ya no es paraíso sin su dios... tú, mi sal, mi latido y mi dios, y lo demás convertido todo en isla desierta sin tu ser... cual pesadilla que surge cada amanecer.