
Sí, ha sido por instantes, por un par de segundos, pero ha ocurrido, el sol ha asomado y con sus rayos me he sentido viva. He notado como su luz daba calor a mi piel y he notado de nuevo mis sentimientos, los tengo y estaban dormidos, por eso te dejé escapar.
Ahora con la piel templada puedo pensar mejor, puedo dejarme llevar por lo que siento y no por lo que la humedad acartona en mi. Después de tanto tiempo sin ver los rayos he vuelto a vivir, me siento viva y lo primero que imagino es tu cara al despertar.
Leve, breve y fugaz es ese calor, rayos debilitados por las nubes que llegan a mi en agonía, es sencillo verlo pero más complicado es quedarse indiferente. El sol, las flores, todo ese marco que resguardaba nuestro recuerdo sigue ahí, y tú dolida rechazas la levedad de la luz... rechazas la lluvia que un día vertí sobre ti y no dejas que el sol seque tus lágrimas. Te diré que por mucho que permanezcan en ti algún día volverán a secarse con esos atisbos de luz que mi corazón deja fluir en un día sin nubes. Por más que queramos, el agua acaba evaporándose y deja paso a primaveras en tu piel y veranos en tu alma. Dispuesta estoy a dártelos y sin dudarlo me dispongo a comenzar a soplar esas gotas que corren por tus mejillas, soplando suavemente y nunca estropeando con los dedos los vestigios de dolor, soplando como si de un molinillo se tratase, sin dejar que las ramas salgan volando... soplando con mi amor todo tu ser...
Por mucho que bajes la persiana y cierres la ventana siempre encontraré un hueco por donde transmitirte esa luz que calienta cuando tiritas, por algún sitio empezará a fluir y te llegará. Estoy segura de que te llegará... shhhhh, ¿no ves que ya he empezado a aspirar?
Ahora con la piel templada puedo pensar mejor, puedo dejarme llevar por lo que siento y no por lo que la humedad acartona en mi. Después de tanto tiempo sin ver los rayos he vuelto a vivir, me siento viva y lo primero que imagino es tu cara al despertar.
Leve, breve y fugaz es ese calor, rayos debilitados por las nubes que llegan a mi en agonía, es sencillo verlo pero más complicado es quedarse indiferente. El sol, las flores, todo ese marco que resguardaba nuestro recuerdo sigue ahí, y tú dolida rechazas la levedad de la luz... rechazas la lluvia que un día vertí sobre ti y no dejas que el sol seque tus lágrimas. Te diré que por mucho que permanezcan en ti algún día volverán a secarse con esos atisbos de luz que mi corazón deja fluir en un día sin nubes. Por más que queramos, el agua acaba evaporándose y deja paso a primaveras en tu piel y veranos en tu alma. Dispuesta estoy a dártelos y sin dudarlo me dispongo a comenzar a soplar esas gotas que corren por tus mejillas, soplando suavemente y nunca estropeando con los dedos los vestigios de dolor, soplando como si de un molinillo se tratase, sin dejar que las ramas salgan volando... soplando con mi amor todo tu ser...
Por mucho que bajes la persiana y cierres la ventana siempre encontraré un hueco por donde transmitirte esa luz que calienta cuando tiritas, por algún sitio empezará a fluir y te llegará. Estoy segura de que te llegará... shhhhh, ¿no ves que ya he empezado a aspirar?
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