sábado, 17 de febrero de 2007

Espuma de mar



A veces creo que soy espuma de mar, a veces, sólo a veces, cuando tus manos se deslizan por mi cuerpo y crean caminos que jamás ha recorrido nadie, a veces, sólo a veces , cuando mi alma se siente arrastrada por este oleaje que es la vida y no encuentra más fortín que dejarse llevar flotando a la deriva. Y es que a veces, también, me siento blanca y ligera, arrinconada en un lugar lejano donde ya no llega marea alguna, esperando a que anochezca para volver a revivir y sentir ese calor que sólo el mar posee a la hora de las brujas. A veces creo que soy tantas cosas a la vez, que mi alma no da más de si y termina partiéndose, abatida, débil, sin rumbo... es así como la mayoría de las veces no queda más remedio que recomponerse y continuar este largo proceso del que ya todos sabemos el final, inevitable como ninguno e impensable como otros tantos, ese final donde todos y cada uno de nosotros dejamos este color rosado rebosante de vida, para irnos convirtiendo en algo frágil, algo blanco, algo que, sin darnos cuenta y sin tiempo para reaccionar, termina flotando por donde quiera que sea el lugar...