lunes, 22 de enero de 2007

El tiempo


El tiempo... esa leve palabra que mueve tantos universos y dirige tantos corazones... el tiempo sin duda, dichoso que me roba la esperanza de tenerte de nuevo a mi lado...

El tiempo... ese buen jugador de cartas que una vez más me gana la partida arrebatándome a mi reina de corazones, alejándote de mí y volviéndome a inspirar en encontrar un sentimiento mejor para sobrellevar lo que él mismo se lleva con él a su guarida. Tan amigo como enemigo, a la vez, en unas horas puede matarme y en otras puedo morir por él, por esa espera que no termina, por ese ansia que tanto anhelo... por escuchar tu voz frente a mi vida, por tocar tu pelo con mis propias manos, por esa sensación que me quita y me da cada vez que vuelves a mi alma...
Sin tiempo no hay amor, sin tiempo no siento tu pelo, ni tus caricias, ni oigo en mí tu latir... sin él tú no existes.
Yo muero de amor... de tiempo, de soledad ... de no vivir.
Ahora que las horas van huyendo a su lado yo no sé qué hacer para evitarlo, me consumo como esa vela que encendimos cuando nuestros ojos cruzaron las miradas en aquella estación, como si de un siglo se hubiese tratado, pero a la vez como si un segundo hubiera remontado toda mi esperanza de tenerte junto a mí... y es que por más que lo intento, cada despedida que el tiempo me otorga es como una criba que hunde mi pesar, como aquel condenado que espera su turno mirando a la eternidad... no hay vuelta atrás. Tus ojos verdes se perderán por la estación y finalmente... no viviré una vez más, como tantas otras veces he muerto al dejarte marchar.